Se que muchas veces te has sentido como si Dios ya no te pudiera perdonar por lo que has hecho ó simplemente porque sigues recayendo en el pecado, yo me he sentido así también. Dios envió a su hijo Jesucristo para que muriera por nuestros pecados y fuésemos perdonados por todos los que cometeríamos, esto no nos da luz verde a seguir pecando sino a saber que cada día somos perdonamos por lo que hemos hecho pero antes de que Cristo muriera por nosotros, las cosas no eran así:
El 10 de Septiembre es el día de la expiación y este era el único día del año en el que el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo, este estaba separado del lugar santo por dos tapices gruesos que colgaban y estos a la vez estaban separados 45 centímetros el uno del otro.
“Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.” Levítico 16:30-31
Si bien en este día no se quitaba el pecado del pueblo, ¿entonces para que servia?
Solo era una forma de decir que alguien pagaría por esos pecados, así como un pagare.
Dios exigía la muerte en pago del pecado pero Cristo vino a tomar nuestro lugar y a reconciliarnos con Dios.
“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” Romanos 5:11
“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” Efesios 2:12-18
Con la muerte y resurrección de Cristo él mismo se hizo sacerdote y sacrificio por nosotros para con Dios.
“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.” Hebreos 9:24-26
“Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.” Hebreos 10:18-23
Pero a todo esto, Dios pide ciertas condiciones para obtener perdón de pecados:
“acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” Hebreos 10:22
Ahora que ya sabes todo esto hay una pequeña advertencia hecha por Dios:
“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” Hebreos 10:26-31
Tenemos entrada al lugar santísimo no solo una vez al año sino cada vez que sea necesario pues Cristo fue sacrificado por todos nosotros para dar lugar al nuevo pacto que tuvo que ser instituido con sangre.
“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.” Hebreos 9:16-17
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